EN ESTA SESIÓN
La gratitud no cambia necesariamente lo que te está pasando. Cambia aquello en lo que tu cerebro aprende a fijarse.
La ciencia de la gratitud muestra que no se trata simplemente de “pensar en positivo”, sino de entrenar al cerebro para prestar atención también a lo que sí está bien.
Entrena la atención. Nuestro cerebro tiene tendencia a detectar antes amenazas, errores o problemas. La gratitud ayuda a equilibrar ese sesgo y a fijarnos más en aquello que valoramos o recibimos.
Activa áreas relacionadas con la valoración y las emociones. Estudios de neuroimagen han relacionado la gratitud con regiones como la corteza prefrontal medial, implicada en procesos de valoración, regulación emocional y cognición social.
Puede generar cambios con la práctica. Repetir ejercicios de gratitud parece modificar la forma en la que respondemos posteriormente a experiencias positivas. No significa “reprogramar el cerebro” de forma mágica, pero sí hablamos de aprendizaje y neuroplasticidad.
Mejora el bienestar. Los metaanálisis encuentran que practicar gratitud puede aumentar la satisfacción vital y el bienestar, y reducir ligeramente síntomas de ansiedad y depresión.
Ayuda a reducir la rumiación. Cuando dirigimos voluntariamente la atención hacia algo que apreciamos, dejamos de alimentar durante ese tiempo el circuito mental de preocupación, comparación o carencia.
Cómo usarla: por la mañana funciona especialmente bien, porque el estado se queda contigo el resto del día. Si puedes, escríbelo después: qué has visto, qué has sentido. Volver a leerlo dentro de unos meses te va a sorprender.